Me encanta madurar




Un segundo mas, un minuto más, una hora más, un día más, una semana más… todo pasa y cada día menos me siento menos culpable de lo pasado… nunca he vivido al límite pues en un momento determinado de mi vida me propuse no hacerlo, por miedo a excederme, por miedo a fallar… aunque no solo ha sido por miedo, sino por la convicción personal de que era lo mejor para mí y mis circunstancias, ser de otra manera hubiera conllevado miles de horas de discusiones y rebeliones innecesarias para ser quizás menos feliz que en estos momentos.

Definitivamente no soy la persona más feliz del mundo. No me sobra dinero, no me sobra tiempo, no me sobran amigos, no me sobra familia, no me sobra salud… todo está en su lugar, los amigos para sobrarme mejor me faltan, pero al igual que todo poquito a poquito he aprendido a querer, amar y adorar los pocos que han servido a lo largo del trayecto. Pienso que la felicidad absoluta es directamente proporcional a la ignorancia, y sacando conclusiones, debido a mi nivel de felicidad no soy una persona ignorante, pero considero que estoy en un verdadero equilibrio en estos momentos. Tengo mis necesidades, algunas de las cuales no se han podido resolver, pero los millones de momentos maravillosos que día a día llenan mi vida son los que me han hecho sentir de esta manera, tan plena, tan gozosa, tan feliz.


Hoy hablando por hablar, pude darme cuenta que realmente el tiempo me ha dado la oportunidad de convertirme en todo lo que un día quise ser, en todo lo que quiero seguir siendo, quizás algunas cosas no he podido demostrarlas pero me siento capaz de infinidades de cosas que quizás 5 años atrás me creí incapaz, es como si cada segundo naciera en mi una mejor “yo” que sigue intentando mejorar su interface, y es que gracias a Dios mis circunstancias me demuestran que lo que estoy logrando va dando sus frutos.


En conclusión lo afirmo…

Me encanta madurar.

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